Orientación Vocacional o Proyecto de Vida?
Cuando nuestros hijos asoman a los últimos años de la escuela secundaria, en ellos -y más en nosotros , los padres- comienza una suerte de movilización que se debate entre el entusiasmo, el temor y la incertidumbre. Es que hay que elegir; hay que saber como se sigue, encontrar la carrera y, ante todo, hay que ponerle el despertador a la vocación. Mejor vamos más lento:
Hay que elegir? Es necesario saber como seguir?
Y si no se encuentra ‘la’ carrera?
O… si la vocación “no se despierta”?
El fin de la etapa escolar es una bisagra que mueve al adolescente hacia la vida adulta. Apenas podemos vislumbrar en estos jóvenes una identidad definida y es poco probable que todas esas repuestas que se esperan puedan realmente darse en una etapa que aún forma parte del descubrimiento de su “Ser Adultos”.
Creo que es necesario que el proceso de elección vocacional u ocupacional sea considerado de esta manera, como un proceso, dado que acompaña el descubrimiento de quiénes son, que quieren, que los motiva, que valores desean para su vida adulta, en dónde desean continuar desarrollándose, como se proyectan como el adulto que ya son en potencia…
Tiene que ver con su Proyecto de Vida: quienes quieren SER, por sobre cualquier HACER.
Y también con el autoconocimiento tanto de sus fortalezas y capacidades, como de sus creencias y limitaciones. Tiene que ver con descubrirse, reconocer las emociones, aprender a manejarlas para conducirse en un mundo que muchas veces no nos da tiempo a revisar que nos pasa. También tiene que ver con hacer elecciones responsables, esto viene de la mano con alcanzar la madurez.
Y por sobre todo, tiene que ver con los valores que deseamos para nuestra vida: con poder darnos cuenta que éxito y felicidad no son sinónimos, que justicia y verdad no son utopías, que la vocación no es un llamado o una manifestación, si no una búsqueda que siempre va de la mano de nuestro crecimiento y desarrollo como seres humanos. Clr. Paula Escot


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